miércoles, 7 de enero de 2015

Lección 02 | Recibiendo al Consolador Divino


En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la pers­pectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos y nos sentimos impoten­tes y solos, se envía el Consolador en respuesta a la oración de fe.” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 623).

UN CONSOLADOR PARA LOS HIJOS DE DIOS
1.....¿Qué profecías fueron dadas al pueblo de Dios en tiempos antiguos? ¿Qué nombre ma­ravilloso tendría el futuro Me­sías?
Isaías 40:1.- Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios.
Isaías 51:12.- Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?
Isaías 7:14.- Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.
Emanuel, Dios con nosotros’. Esto lo es todo para nosotros. ¡Qué ancho fundamento coloca para nuestra fe! ¡Qué esperanza llena de inmortalidad pone ante el alma creyente! ¡Dios con nosotros en Cristo Jesús para acom­pañarnos en cada etapa del viaje al cielo”! (La Maravillosa Gracia de Dios, pág. 201).

2.....¿Cuál es el privilegio de los hi­jos de Dios en todo el mundo?
Hechos 9:31.- Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecenta­ban fortalecidas por el Espíritu Santo.
2 Tesalonicenses 2:16-17.- (16) Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, (17) conforte vues­tros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.
Las palabras habladas a los discí­pulos son también para nosotros. El Consolador es tanto nuestro como de ellos. El Espíritu provee la fuer­za que sostiene en toda emergen­cia a las almas que luchan y batallan en medio del odio del mundo y de la comprensión de sus propios fracasos y errores. En la tristeza y la aflicción, cuando la perspectiva parece obscu­ra y el futuro perturbador, y nos sen­timos desamparados y solos: éstas son las veces cuando, en respues­ta a la oración de fe, el Espíritu San­to proporciona consuelo al corazón(Los Hechos de los Apóstoles, pág. 42)

EN TRIBULACIÓN
3.....¿Dónde encontramos ayuda y consuelo en la aflicción?
Salmos 121:1-2.- (1) Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? (2) Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra.
Isaías 41:10.- No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siem­pre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
No hay consolador como Cristo, tan tierno y tan leal. Está conmovido por los sentimientos de nuestras debilida­des. Su Espíritu habla al corazón. Las circunstancias pueden separarnos de nuestros amigos; el amplio e inquieto océano puede agitarse entre noso­tros y ellos. Aunque exista su sincera amistad, quizá no puedan demostrarla haciendo para nosotros lo que recibi­ríamos con gratitud. Pero ninguna cir­cunstancia ni distancia puede separar­nos del Consolador celestial. Doquiera estemos, doquiera vayamos, siempre está allí. Alguien que está en el lugar de Cristo para actuar por él. Siempre está a nuestra diestra para dirigirnos palabras suaves y amables; para asis­tirnos, animarnos, apoyarnos y conso­larnos. La influencia del Espíritu San­to es la vida de Cristo en el alma. Ese Espíritu obra en, y por medio de todo aquel que recibe a Cristo. Aquellos en quienes habita este Espíritu revelan sus frutos: amor, gozo, paz, paciencia, be­nignidad, bondad, fe(La Maravillosa Gracia de Dios, pág. 195).

4.....¿Por qué Jesucristo es capaz de ayudar a toda persona de una manera muy especial en la debilidad y la aflicción?
Hebreos 2:18.- Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
Hebreos 4:15.- Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debili­dades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Aunque ascendió a la presencia de Dios y comparte el trono del universo, Jesús no ha perdido nada de su natu­raleza compasiva. Hoy el mismo tierno y simpatizante corazón está abierto a todos los pesares de la humanidad… “En todas nuestras pruebas, tenemos un Ayudador que nunca nos falta. Él no nos deja solos para que luchemos con la tentación, batallemos contra el mal, y seamos finalmente aplastados por las cargas y tristezas. Aunque aho­ra esté oculto para los ojos mortales, el oído de la fe puede oír su voz que dice: No temas; yo estoy contigo. Yo soy ‘el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos’ (Apoca­lipsis 1:18). He soportado vuestras tris­tezas, experimentado vuestras luchas, y hecho frente a vuestras tentaciones. Conozco vuestras lágrimas; yo tam­bién he llorado. Conozco los pesares demasiado hondos para ser susurrados a ningún oído humano. No penséis que estáis solitarios y desamparados. Aun­que en la tierra vuestro dolor no toque cuerda sensible alguna en ningún co­razón, miradme a mí, y vivid. ‘Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; más no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz va­cilará, dijo Jehová, el que tiene miseri­cordia de ti(Isaías 54:10)(El Deseado de Todas las Gentes, pág. 446).

DESCANSO, CONSUELO Y TRANSFORMACIÓN
5.....¿Qué experimentamos cuan­do buscamos consuelo en Cristo después de haber sido mal interpretados o decep­cionados por la gente?
Mateo 11:28.- Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Salmos 94:19.- En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, Tus consolaciones alegraban mi alma.
Jesús conoce las circunstancias que rodean a cada alma. Tú puedes decir: Soy pecador, muy pecador. Puedes serlo; pero cuanto peor seas, tanto más necesitas a Jesús. Él no se apar­ta de ninguno que llora contrito. No dice a nadie todo lo que podría re­velar, pero ordena a toda alma tem­blorosa que cobre aliento. Perdonará libremente a todo aquel que acuda a él en busca de perdón y restauración”. El Deseado de Todas las Gentes, pág. 521.

6.....¿Cuál es el resultado si apren­demos a encontrar ayuda en Jesús y permitimos que el Es­píritu Santo haga su obra?
Hebreos 12:2.- Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
Tito 3:5.- Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos he­cho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.
Mirando constantemente a Jesús con el ojo de la fe, seremos fortale­cidos. Dios hará las revelaciones más preciosas a sus hijos hambrientos y sedientos. Hallarán que Cristo es un Salvador personal. A medida que se alimenten de su Palabra, hallarán que es espíritu y vida. La Palabra destru­ye la naturaleza terrenal y natural e imparte nueva vida en Cristo Jesús. El Espíritu Santo viene al alma como Consolador. Por el factor transforma­dor de su gracia, la imagen de Dios se reproduce en el discípulo; viene a ser una nueva criatura. El amor reempla­za al odio y el corazón recibe la se­mejanza divina(El Deseado de Todas las Gentes, pág. 355).
El Espíritu Santo, el Consolador, el que Jesús dijo que enviaría al mun­do, es el que transforma nuestro carácter a la imagen de Cristo; y cuando esto se realiza reflejamos, como un espejo, la gloria del Señor” (God’s Amazing Grace, p. 246).

7.....¿Qué produce la presencia del Espíritu Santo en nosotros? Describe cuán grande es esa transformación
2 Corintios 3:17-18.- (17) Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (18) Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descu­bierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
Contemplar a Cristo significa estu­diar su vida tal como se presenta en su Palabra. Debemos cavar para en­contrar la verdad como si fuera un tesoro escondido. Debemos fijar los ojos en Cristo. Cuando lo recibimos como nuestro Salvador personal, nos da valor para acercarnos al trono de la gracia. Mediante la contemplación nos transformamos, y nos asemejamos moralmente al perfecto en carácter. Al recibir su justicia imputada median­te el poder transformador del Espíritu Santo, llegamos a ser semejantes a él. Albergamos la imagen de Cristo y ella se apodera de todo nuestro ser... “El Espíritu Santo, el Consolador, el que Jesús dijo que enviaría al mun­do, es el que transforma nuestro carácter a la imagen de Cristo; y cuando esto se realiza reflejamos, como un espejo, la gloria del Señor” (God’s Amazing Grace, p. 96, 246).
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Si no me ayudara Jehová, pronto moraría mi alma en el silencio… Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo. Salmos 94:17; 119:76
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. 2 Corintios 1:3-5
En todas nuestras pruebas, tenemos un Ayudador que nunca nos falta. El no nos deja solos para que luchemos con la tentación, batallemos contra el mal, y seamos finalmente aplastados por las cargas y tristezas. Aunque ahora esté oculto para los ojos mortales, el oído de la fe puede oír su voz que dice: No temas; yo estoy contigo. Yo soy “el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos’ (Apocalipsis 1:18). He soportado vuestras tristezas, experimentado vuestras luchas, y hecho frente a vuestras tentaciones. Conozco vuestras lágrimas; yo también he llorado. Conozco los pesares demasiado hon­dos para ser susurrados a ningún oído humano. No penséis que estáis solitarios y desam­parados. Aunque en la tierra vuestro dolor no toque cuerda sensible alguna en ningún corazón, miradme a mí, y vivid. ‘Porque los montes se moverán, y los collados temblarán; más no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz vacilará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti’” (Isaías 54:10)(Deseado de Todas las Gentes, pág. 446).





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