miércoles, 28 de enero de 2015

Lección 05 | Tiempo del derramamiento del Espíritu Santo


La ascensión de Cristo al cielo fue la señal de que sus seguidores iban a recibir la bendición prometida. Habían de esperarla antes de empezar a hacer su obra. Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración de los ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre, desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su prome­sa, había enviado el Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y era el Ungido sobre su pueblo(Los Hechos de los Apóstoles, pág. 31).

PLAN DE REDENCIÓN
1.....¿Qué tácticas y argumentos usó Satanás luego de inducir a Adán y Eva a pecar? ¿Qué lugar pretende ocupar con los pecadores?
Juan 8:44.- Vosotros sois de vues­tro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
Zacarías 3:1.- Me mostró al sumo sa­cerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle.
Al principio de la gran controversia, Satanás había declarado que la ley de Dios no podía ser obedecida, que la justicia no concordaba con la mi­sericordia y que, si la ley había sido violada, era imposible que el pecador fuese perdonado. Cada pecado debía recibir su castigo, sostenía insisten­temente Satanás; y si Dios remitía el castigo del pecado, no era un Dios de verdad y justicia. Cuando los hombres violaban la ley de Dios y desafiaban su voluntad, Satanás se regocijaba. De­claraba que ello demostraba que la ley de Dios no podía ser obedecida; el hombre no podía ser perdonado. Por cuanto él mismo, después de su rebe­lión, había sido desterrado del cielo, Satanás sostenía que la familia huma­na debía quedar privada para siempre del favor de Dios. Insistía en que Dios no podía ser justo y, al mismo tiem­po, mostrar misericordia al pecador(El Deseado de Todas las Gentes, pág. 709).

2.....Mientras Satanás se regocijó por haber hecho caer en pe­cado a Adán y Eva, ¿qué ha­bían planeado con anteriori­dad Dios y Jesús?
Génesis 3:15.- Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
1 Juan 3:8.- El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apare­ció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
La caída del hombre llenó todo el cie­lo de tristeza. El mundo que Dios había hecho quedaba mancillado por la mal­dición del pecado, y habitado por seres condenados a la miseria y a la muerte. Parecía no existir escapatoria para aque­llos que habían quebrantado la ley… “El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es ‘el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo (Apocalipsis 13:8). Sin embar­go, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable. Pero, ‘de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna’. Juan 3:16. ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no le amaba! ¿Quién puede com­prender la profundidad de ese amor ‘que excede a todo conocimiento’? Al través de los siglos sin fin, las mentes inmortales, tratando de entender el misterio de ese incomprensible amor, se maravillarán y adorarán a Dios” (Historia de los Patriarcas y Profetas, pág. 48).

3.....¿Cómo vivió Jesús en la tie­rra para llevar a cabo el plan de redención y así refutar las acusaciones de Satanás?
Juan 15:10.- Si guardareis mis manda­mientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los manda­mientos de mi Padre, y permanezco en su amor….
Juan 4:34.- Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra
Juan 6:38.- Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
El amor de Dios ha sido expresado en su justicia no menos que en su miseri­cordia. La justicia es el fundamento de su trono y el fruto de su amor. Había sido el propósito de Satanás divorciar la misericordia de la verdad y la justicia. Procuró demostrar que la justicia de la ley de Dios es enemiga de la paz. Pero Cristo demuestra que en el plan de Dios están indisolublemente unidas; la una no puede existir sin la otra. ‘La miseri­cordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron(Salmos 85:10).
Por su vida y su muerte, Cristo demos­tró que la justicia de Dios no destruye su misericordia, que el pecado podía ser perdonado, y que la ley es justa y puede ser obedecida perfectamente. Las acusaciones de Satanás fueron refutadas. Dios había dado al hom­bre evidencia inequívoca de su amor(El Deseado de Todas las Gentes, pág. 711).
“Y el sacrificio al cual el amor infinito impelió al Padre y al Hijo a fin de que los pecadores pudiesen ser redimi­dos, demuestra a todo el universo –y nada que fuese inferior a este plan ha­bría bastado para demostrarlo– que la justicia y la misericordia son el funda­mento de la ley y del gobierno de Dios(El Conflicto de los Siglos, pág. 493).

EL DESTINO DEL ACUSADOR
4.....Conociendo de antemano sus sufrimientos y muerte, así como su resurrección, ¿qué prometió Jesús a sus discípulos?
Juan 14:30.- No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí….
Juan 16:8.- [Él] convencerá al mundo de pecado… parte media, 11 Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado….
Juan 12:31.- Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.
Jesús confió en esta palabra, y no dió a Satanás ventaja alguna. Cuando iba a dar los últimos pasos en su hu­millación, cuando estaba por rodear su alma la tristeza más profunda, dijo a sus discípulos: ‘Viene el príncipe de este mundo; más no tiene nada en mí’. ‘El príncipe de este mundo es juzga­do’. Ahora será echado (Juan 14:30; 16:11; 12:31). Con ojo profético, Cristo vio las escenas que iban a desarrollarse en su último gran conflicto. Sabía que cuan­do exclamase: ‘Consumado es’, todo el cielo triunfaría. Su oído percibió la lejana música y los gritos de victoria en los atrios celestiales. Él sabía que el to­que de muerte del imperio de Satanás resonaría entonces, y que el nombre de Cristo sería pregonado de un mun­do al otro por todo el universo.
Sabía que la verdad, armada con la omnipotencia del Espíritu Santo, ven­cería en la contienda con el mal; y que el estandarte manchado de sangre ondearía triunfantemente sobre sus seguidores… “Cristo inclinó la cabeza y murió, pero mantuvo firme su fe y su sumisión a Dios. ‘Y oí una grande voz en el cielo que decía: Ahora ha venido la salva­ción, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo; porque el acusador de nuestros hermanos ha sido arrojado, el cual los acusaba de­lante de nuestro Dios día y noche’ (Apo­calipsis 12:10).” (DTG, págs. 633, 709).

JUSTICIA PROVISTA
5.....¿En qué se convirtió Jesús para los pecadores que acep­taron su sangre para el per­dón de sus pecados?
Jeremías 23:6.- En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra.
1 Corintios 1:30.- Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, justificación, santificación y redención.
Dios había manifestado cuánto abo­rrece los principios de rebelión. Todo el cielo vio su justicia revelada, tanto en la condenación de Satanás como en la redención del hombre. Lucifer ha­bía declarado que si la ley de Dios era inmutable y su penalidad irremisible, todo transgresor debía ser excluido para siempre de la gracia del Creador. Él había sostenido que la raza pecami­nosa se encontraba fuera del alcance de la redención y era por consiguiente presa legítima suya. Pero la muerte de Cristo fue un argumento irrefutable en favor del hombre. La penalidad de la ley caía sobre él que era igual a Dios, y el hombre quedaba libre de aceptar la justicia de Dios y de triunfar del poder de Satanás mediante una vida de arre­pentimiento y humillación, como el Hijo de Dios había triunfado. Así Dios es justo, al mismo tiempo que justi­fica a todos los que creen en Jesús(El Conflicto de los Siglos, pág. 492).

TIEMPO DEL DERRAMAMIENTO DEL ESPÍRITU
6.....¿Qué aconteció tan pronto como Jesús obtuvo la victoria?
Apocalipsis 12:9-11.- (09) Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente an­tigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fue­ron arrojados con él. (10) Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanza­do fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. (11) Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testi­monio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.
Romanos 8:33, 34.- (33) ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. (34) ¿Quién es el que condena­rá? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que tam­bién intercede por nosotros.
Mientras la cruz del Calvario proclama el carácter inmutable de la ley, decla­ra al universo que la paga del pecado es muerte. El grito agonizante del Sal­vador: ‘Consumado es’, fue el toque de agonía para Satanás. Fue entonces cuando quedó zanjado el gran con­flicto que había durado tanto tiempo y asegurada la extirpación final del mal. El Hijo de Dios atravesó los umbrales de la tumba, ‘para destruir por la muer­te al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo’ (Hebreos 2:14)
En la ejecución final del juicio se verá que no existe causa para el pecado. Cuando el Juez de toda la tierra pregunte a Satanás: “¿Por qué te rebelaste contra mí y arrebataste súbditos de mi reino?”, el autor del mal no podrá ofrecer excusa alguna. Toda boca permanecerá cerrada, todas las huestes rebeldes quedarán mu­das” (El Conflicto de los Siglos, pág. 493).
Satanás y todos los que se han unido con él en la rebelión serán cortados. El pecado y los pecadores perecerán, raíz y rama, (Malaquías 4:1). –Satanás la raíz, y sus seguidores las ramas” (El De­seado de Todas las Gentes, pág. 712).

7.....De acuerdo con las palabras de Jesús, ¿habría de darse el derramamiento del Espíritu Santo a la iglesia primitiva?
Juan 7:38-39.- (38) El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. (39) Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado
Juan 16:7.- Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré.
Cuando Cristo dió a sus discípulos la promesa del Espíritu, se estaba acercan­do al fin de su ministerio terrenal. Estaba a la sombra de la cruz, con una com­prensión plena de la carga de culpa que estaba por descansar sobre él como portador del pecado. Antes de ofrecer­se a sí mismo como víctima destinada al sacrificio, instruyó a sus discípulos en cuanto a la dádiva más esencial y com­pleta que iba a conceder a sus seguido­res: el don que iba a poner al alcance de ellos los recursos inagotables de su gracia. ‘Y yo rogaré al Padre –dijo él– y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede reci­bir, porque no le ve, ni le conoce: más vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros(Juan 14:16, 17). El Salvador estaba señalando ade­lante al tiempo cuando el Espíritu Santo vendría para realizar una obra poderosa como su representante” (Los Hechos de los Apóstoles, pág. 39).
Fiel a su promesa, el Ser divino, exal­tado en las cortes celestiales, impartió algo de su plenitud a sus seguidores de la tierra. Su entronización a la diestra de Dios fue señalada por el derramamien­to del Espíritu sobre sus discípulos(La Educación, pág. 95).
*******
“Pero Cristo como perla preciosa, y nuestro privilegio de poseer este tesoro celestial, es el tema en el cual más necesitamos meditar. Es el Espíritu Santo el que revela a los hombres el carácter precioso de la buena perla. El tiempo de la manifestación del poder del Espíritu Santo es el tiempo en que en un sentido especial el don del cielo es buscado y hallado. En los días de Cristo, muchos oyeron el Evangelio, pero sus mentes estaban oscurecidas por las falsas enseñanzas, y no reconocieron en el humilde Maestro de Galilea al Enviado de Dios. Más después de la ascensión de Cristo, su entronización en el reino de la mediación fue señalada por el descenso del Espíritu Santo. En el día de Pentecostés fue dado el Espí­ritu. Los testigos de Cristo proclamaron el poder del Salvador resucitado. La luz del cielo penetró las mentes entenebrecidas de aquellos que habían sido engañados por los ene­migos de Cristo. Ellos lo vieron ahora exaltado a la posición de ‘Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados’ (Hechos 5:31). Lo vieron circundado de la gloria del cielo, con infinitos tesoros en sus manos para conceder a todos los que se volvieran de su rebelión. Al presentar los apóstoles la gloria del Unigénito del Padre, tres mil almas se convencieron. Se vieron a sí mismos tales cuales eran, pecadores y corrom­pidos, y vieron a Cristo como su Amigo y Redentor. Cristo fue elevado y glorificado por el poder del Espíritu Santo que descansó sobre los hombres. Por la fe, estos creyentes vieron a Cristo como Aquel que había soportado la humillación, el sufrimiento y la muerte, a fin de que ellos no pereciesen, sino que tuvieran vida eterna. La revelación que el Espíritu hizo de Cristo les impartió la comprensión de su poder y majestad, y elevaron a él sus manos por la fe, diciendo: ‘Creo’(Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 90).