jueves, 26 de febrero de 2015

Lección 09 | Fruto del Espíritu, Parte 1


La influencia del Espíritu Santo es la vida de Cristo en el alma. No vemos a Cristo ni hablamos con él, pero su Espíritu Santo está igual de cerca de nosotros en un lugar como en otro. Obra en todo aquel que recibe a Cristo. Los que permanecen en el Espíritu revelan los frutos del Espíritu, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe(Manuscript 41, 1897) (Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día, tomo 6, pág. 1112).

EL ÁRBOL CRISTIANO Y SU FRUTO
1.....¿A qué se compara el cristia­no en las Sagradas Escrituras? ¿Quién es el árbol de la vida cuyas ramas se extienden ha­cia nuestro mundo?
Salmos 1:1-3.- (1) Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; (2) Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. (3) Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.
El hombre que ama a Dios medita en la ley de Dios día y noche. Insta a tiempo y fuera de tiempo. Lleva fruto de una rama conectada vitalmente con la Vid. Cuan­do tiene oportunidad, hace el bien; y en todas partes, en todo momento y en todo lugar, encuentra oportunidad de trabajar para Dios. Es uno de los árboles perennes del Señor; y lleva la fragancia con él donde quiera que vaya. Un am­biente sano rodea su alma. La belleza de su vida bien ordenada y una conversa­ción piadosa inspira fe, esperanza y valor en los demás. Este es el cristianismo en la práctica. Tratar de ser un árbol de hoja perenne. Utiliza el ornamento de un es­píritu afable y apacible, que es de gran precio ante los ojos de Dios. Aprecia la gracia del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad. Este es el fruto del árbol cristiano. Plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo…
Para todos los que creen, Él [Cristo] es como el árbol de vida en medio del paraíso de Dios. Sus ramas llegan a este mundo, para que así las bendicio­nes que Él ha comprado para nosotros puedan ser puestas a nuestro alcan­ce... Él nos ha dado un Consolador, el Espíritu Santo, que nos presentará el precioso fruto del árbol de la vida. De este árbol podemos arrancar y comer, y entonces podemos guiar a otros al mismo, para que ellos también puedan comer(My Life Today, p. 50).

2.....Mencione los frutos del Espíritu Santo.
Gálatas 5:22-23 pp.- (22) Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, (23) mansedum­bre, templanza.
Cuando uno ha quedado comple­tamente despojado del yo, cuando todo falso dios es excluido del alma, el vacío es llenado por el influjo del Espíritu de Cristo. El tal tiene la fe que purifica el alma de la contaminación. Queda conformado con el Espíritu, y obedece a las cosas del Espíritu. No tiene confianza en si mismo. Para él, Cristo es todo y está en todo. Recibe con mansedumbre la verdad que le es constantemente revelada, y da al Se­ñor toda la gloria, diciendo: ‘Dios nos lo reveló a nosotros por el Espíritu’. ‘Y nosotros hemos recibido, no el espí­ritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado’ (1 Corintios 2:10, 12).
El Espíritu revelador también obra en él los frutos de justicia. Cristo está en él, como ‘fuente de agua que salte para vida eterna’ (Juan 4:14). El es un sarmien­to de la Vid verdadera y produce ricos racimos de fruta para gloria de Dios. ¿Cuál es el carácter del fruto produci­do? El fruto del Espíritu es ‘caridad’, no odio; ‘gozo’, no descontento y aflicción; ‘paz’, no irritación, ansiedad y pruebas fabricadas. Es ‘tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza’ (Gálatas 5:22, 23)” (Obreros Evangélicos, pág. 304).

LLEVANDO FRUTO EN ABUNDANCIA
3.....¿Qué hace posible que el pe­cador sea capaz de producir los frutos del Espíritu?
Salmos 143:10.- Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud.
Jeremías 17:7-8.- (7) Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. (8) Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.
“El hombre, el hombre caído puede ser transformado por la renovación de la mente, para que pueda experimentar ‘cuál sea la voluntad de Dios, agra­dable y perfecta.’ ¿Cómo puede ex­perimentar esto? Mediante el Espíritu Santo que toma posesión de su men­te, espíritu, corazón y carácter. ¿De dónde viene esta experimentación? ‘Hemos llegado a ser un espectáculo ante el mundo, los ángeles y ante los hombres.’ Los frutos de la verdadera obra realizada por el Espíritu Santo son evidentes en el carácter.
Así como un buen árbol da buenos frutos, también el árbol que sea plan­tado en el huerto del Señor producirá frutos para vida eterna. Los pecados dominantes son abandonados, los ma­los pensamientos no tienen cabida en la mente, y los hábitos pecaminosos son desalojados del templo interior. Las tendencias orientadas en un rum­bo equivocado son encaminadas en la dirección correcta. Las propensiones y los malos sentimientos son desarraiga­dos, nuevos principios de acción son puestos en obra y hay una nueva norma de carácter... Los frutos que produce el árbol cristiano son un temperamen­to santo y emociones santificadas, los cuales son el resultado de una transfor­mación completa. Esta es la obra que debe realizarse” (Seventh-day Adventist Bible Commentary, vol. 6, p. 1080).

4.....¿Qué es esencial para llevar el fruto del Espíritu y así glorifi­car a Dios?
Juan 15: 5.- Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer
Juan 15: 7-8.- (7) Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. (8) En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
El estar en Cristo significa recibir constantemente de su Espíritu, una vida de entrega sin reservas a su ser­vicio. El conducto de comunicación debe mantenerse continuamen­te abierto entre el hombre y su Dios. Como el sarmiento de la vid recibe constantemente la savia de la vid vi­viente, así hemos de aferrarnos a Je­sús y recibir de él por la fe la fuerza y la perfección de su propio carácter.
La raíz envía su nutrición por el sar­miento a la ramificación más lejana. Así comunica Cristo la corriente de su fuerza vital a todo creyente. Mientras el alma esté unida con Cristo, no hay peligro de que se marchite o decaiga.
“La vida de la vid se manifestará en el fragante fruto de los sarmientos…
Cuando vivamos por la fe en el Hijo de Dios, los frutos del Espíritu se verán en nuestra vida; no faltará uno solo(El Deseado de Todas las Gentes, pág. 630).
Los que tienen esa unión con Cris­to lo manifestarán en espíritu, en pa­labras y en obras. La profesión no es nada a menos que de palabra y de he­cho se revele el buen fruto. La unidad, comunión de unos con otros y con Cristo: ése es el fruto que lleva cada pámpano de la vid viviente. El alma purificada, nacida de nuevo, tiene un testimonio claro y distinto para dar” (Alza Tus Ojos, pág. 295).

5.....¿Cómo podemos llevar fruto en abundancia?
Colosenses 1:10-11.- (10) Para que andéis como es digno del Señor, agradán­dole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conoci­miento de Dios; (11) Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad.
Dios toma a los hombres como son, y los educa para su servicio, si quie­ren entregarse a él. El Espíritu de Dios, recibido en el alma, vivificará todas sus facultades. Bajo la dirección del Espíritu Santo, la mente consagrada sin reserva a Dios, se desarrolla armo­niosamente y se fortalece para com­prender y cumplir los requerimientos de Dios. El carácter débil y vacilante se transforma en un carácter fuerte y firme. La devoción continua estable­ce una relación tan íntima entre Jesús y su discípulo, que el cristiano llega a ser semejante a Cristo en mente y carácter. Mediante su relación con Cristo, tendrá miras más claras y más amplias. Su discernimiento será más penetrante, su juicio mejor equilibra­do. El que anhela servir a Cristo queda tan vivificado por el poder del Sol de justicia, que puede llevar mucho fruto para gloria de Dios” (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 216).

FRUTO Y CARÁCTER
6.....¿Qué se revela mediante los frutos que produce una per­sona?
Mateo 7:16-17.- (16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? (17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
Cristo anhela recibir de su viña el fru­to de santidad y abnegación. Busca los principios de amor y bondad. Toda la belleza del arte no puede comparar­se con la belleza del temperamento y del carácter que se han de revelar en los que son representantes de Cristo. La atmósfera de la gracia que rodea el alma del creyente, el Espíritu Santo que trabaja en la mente y el corazón, son los que hacen de él un sabor de vida para vida, y permiten que Dios bendiga su obra” (Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 239).
El Salvador declaró: “Por sus frutos los conoceréis”. Todos los que sigan ver­daderamente a Cristo llevarán frutos para su gloria. Su vida testifica que el Espíritu de Dios ha realizado una bue­na obra en ellos, y dan frutos para la santidad. Su vida es elevada y pura. Las acciones correctas son el fruto inequí­voco de la verdadera piedad, y los que no llevan frutos de esta clase revelan que no tienen experiencia en las cosas de Dios. No son uno con la Vid” (Mensa­jes para los Jóvenes, pág. 267).
Hablemos y obremos para que nues­tros frutos puedan ser de justicia, y dejemos brillar nuestra luz en buenas obras. La profesión no significa nada. Dios aprobará solamente una vida pia­dosa…” (Alza tus ojos, pág. 152).

7.....¿Por cuánto tiempo dará fruto el árbol cristiano?
Salmos 92:12-15.- (12) El justo florece­rá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. (13) Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. (14) Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, (15) Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia.
Vuestra experiencia no debería consis­tir en diez, veinte o treinta años de edad, sino que deberíais tener una experiencia diaria y vital a fin de poder dar a cada uno su porción de comida a su debido tiempo. Mirad hacia adelante y no ha­cia atrás. Que nunca os veáis obligados a forzar vuestra memoria a fin de referir alguna experiencia ocurrida en el pasa­do. ¿Qué valor tendría hoy para voso­tros o para los demás? Si bien es cierto que apreciáis todo lo bueno de vuestra experiencia pasada, también deseáis una experiencia más brillante y fresca a medida que avanza vuestra edad. No os jactéis de lo que habéis hecho en el pasado, sino demostrad lo que podéis hacer ahora. Dejad que os alaben vues­tras obras y no vuestras palabras. Poned a prueba la promesa de Dios, según la cual los que están ‘plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anun­ciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia’ (Salmos 92:13- 15). Mantened jóvenes vuestro corazón y vuestra mente mediante el ejercicio continuo. –The Review and Herald, 6 de abril de 1886. Mensajes Selectos, Tomo 2, pág. 253.
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Si os acercáis a Jesús, y tratáis de adornar vuestra profesión con una vida bien ordenada y una conversación piadosa, vuestros pies serán guardados de extraviarse en sendas prohibidas. Si tan sólo queréis velar, velar continuamente en oración, y tan sólo hacéis todo como si estuvieseis en la presencia inmediata de Dios, seréis salvados de caer en la tentación, y podréis esperar llevar hasta el fin una vida pura, sin mancha ni contaminación. Si mantenéis firme hasta el fin el principio de vuestra confianza, vuestros caminos serán afirmados en Dios, y lo que la gracia empezó, lo coronará la gloria en el reino de nuestro Dios. Los frutos del Espíritu son amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, manse­dumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Si Cristo está en nosotros crucificaremos la carne con sus afectos y concupiscencias” (El Hogar Cristiano, pág. 307).